Tenshin

Un problema del aborto, al margen de lo moral.

No se habla lo suficiente del drama del aborto, pero aún menos del negocio del aborto.
Tan solo unas pocas asociaciones de valientes, perseguidas constantemente, intentan hacer de altavoz para este otro hecho innegable que es el aborto como fuente de ingresos.
Pero incluso más allá del hecho económico en sí mismo, tenemos todo el entramado social, la gran telaraña llena de parásitos que clavan sus colmillos en el hecho indudablemente criminal, no solo de abortar una vida humana, sino de fomentar ese crimen desde todos los estamentos y niveles sociales, desde la medicina hasta la política, pasando por las legislaciones y los servicios sociales…

Estos últimos, tienen, no poca responsabilidad en ello y todavía más interés.

Las SS, los Servicios Sociales, esa «nueva inquisición» del mundo laicista y realmente criminal que, surgida de ninguna parte, tiene el poder de decidir y tomar decisiones sobre tu vida y tu familia, y quitarte a tus hijos o tus ancianos si así lo desean y que tiene el poder de movilizar a policías, jueces, políticos, sin ser ellos ni jueces ni policías, y cuyos miembros tienen por credencial a penas un curso de nueve meses, sorprendente serendipia respecto al embarazo.

El ser humano es una naturaleza buena (por ser creada por un Dios bueno, no por otra cosa), y caida por el Pecado. Redimida, sí, no lo olvidemos, pero que conserva las marcas de ese pecado en su carne y las transmite de forma lamentable.
Eso hace que nuestra sociedad sea, desde los albores de la humanidad, una sociedad corrupta con unos pocos elementos que luchan denodadamente por abandonar el animalismo (si no es que eres «therian»…) y ser verdadera y plenamente seres humanos, personas humanas, hijos de Dios.

Pero ese gran peso que carga la humanidad, le hace, entre otras cosas estupida, inconsciente y egoista ¿a que viene este pequeño circunloquio?
A que el lamentable hecho de «deshacerse» de los cachorros cuando por lo que sea son una molestia, ha existido casi siempre.
Madres solteras, hijos bastardos, criaturas deformes fruto del vicio o el pecado… Y la «solución rápida era tapar un crimen con otro mayor.

Muchas tribus de la antigüedad ya habían inventado «métodos» (más o menos brutales) de abortar. Con la llegada y difusión del cristianismo, esto se había combatido y vencido en gran manera. La dignidad del ser humano, desde su engendramiento, es un concepto poderoso en muchos sentidos y gracias a él, la vida triunfó en tantos casos.

Pero el desmoronamiento de la moral cristina, la deformación de la ética y la ruina de lo que algunos llaman «valores occidentales» ganaron terreno de nuevo desde la (mal llamada) Ilustración.

Masonería, comunismo, socialismo, ateísmo, arrasan en sus múltiples formas como una apisonadora e introducen la idea de que las «libertades y derechos» son los libertinajes y la quiebra de derechos que en realidad proponen.
Entre ellos está el «derecho» de una mujer a matar a su propio hijo en sus propias entrañas y celebrarlo, nuevo sacrificio y tributo a Baal.

Como decíamos más arriba, los hijos «no deseados» han existido siempre, o mejor dicho, padres y madres que no deseaban a sus hijos. En la antigüedad también se practicaba el malvado método del abandono o la «exposición». El niño era expuesto (abandonado) en la natualeza, en el río en una cesta de mimbre o en la puerta de alguien. No dejaba de ser cobarde y salvaje, puesto que el destino natural de un niño abandonado en el bosque a merced de las fieras era, casi seguro, la muerte. Pero tenemos ejemplos histórico – míticos como el de Rómulo y Rémulo, Edipo o Moisés en los que, de forma milagrosa, fueron rescatados y llegaron a ser famosos.

"El abandono de Edipo en el monte" Versión 2. Episodio reimaginado con ayuda de la IA

De vuelta a la época de la civilización, del cristianismo, la solución era todavía más humana. Los monasterios se encontraban con relativa frecuencia con «regalos de Dios» en forma de criaturas abandonadas en sus puertas o en aquél buzón de la época llamado «el torno» que había en los conventos de clausura. Este es el origen del apellido «expósito» que llevaban tantos niños al ser registrados.
Un niño abandonado, era criado y después incorporado al monasterio, pero en muchas ocasiones también era adoptado por matrimonios que no podían tener hijos.
Entonces, incluso ante el drama y la tristeza, entregar al hijo no deseado solucionaba tres problemas, el de la madre, el del niño y el de los padres que no podían tener hijos. Con los años, y si alguien desvelaba el secreto (como en el caso de Moisés) el hijo y la madre podían llegar a reencontrarse.

Pero con el aborto, esta posibilidad desaparece.
Desaparece la vida del niño y desaparece todo su futuro, todo lo que podría ser. En cambio lo que sí aparece es todo un horizonte económico, todo un «plan de negocio» donde entran políticos, médicos y demás sanitarios públicos o privados, abogados y jueces, y muchos otros que no solemos imaginar como los laboratorios químicos que re aprovechan los restos humanos de los fetos para experimentación y fabricación.

Pero si hay alguien que haya hecho aún más daños y más negocio con todo esto son aquellas SS de las que hablamos. Sabemos que los SS se lucran a base de traficar con los niños que les quitan a las familias pobres, en lugar de proporcionarles ayudas, y venderlos (por mucho precio) a familias pudientes y, actualmente sobre todo, a parejas homosexuales que en muchas ocasiones abusan de ellos, pero ¿cómo pueden beneficiarse del aborto?
Sencillo: el aborto reduce el numero de niños que no tienen padres y pueden se entregados para la adopción sin perjuicio de nadie. Antes del sacrificio satánico que es el aborto, la existencia de orfanatos hacia que la oferta fuera suficiente para la demanda, incluso superior, y, dejando a un lado el dilema moral de a quién le permitimos adoptar, los niños sin padre lograban padres, los matrimonios sin hijos lograban hijos y de dos dramas se hacía una familia. Entonces, un mecanismo civil, laicista, destructor y lucrativo como son las SS no era necesario.
Pero ¿qué pasa si necesitamos controlar la natalidad. No solo la cantidad, si no quién como cuando, donde y por qué se tienen hijos?
Necesitamos marcar quién nace y quién no, pero haciendo creer que es una «decisión libre» y un «derecho».
Necesitamos controlar el flujo de quién conviene que conserve sus hijos y quién no. Quién debe criar a los hijos de otros «por su bien».

En economía global y geopolítica, se sabe que, para obligar a un país a comprar los productos de otro, es indispensable primero provocar, forzar a dicho país a reducir la producción propia y entonces podremos exportar, se verán obligados a importar. Es la base de la economía, porque si no, el dinero no se mueve, no hay «necesidades» y la gente no gasta. Hay que crear las necesidades aunque sea por la fuerza.

Esto sirve para «importar» personas» y también para «exportar» adopciones.

El aborto es una forma de reducir la población «indeseada» y también de justificar, por la «falta de niños sin padre» quitarles sus hijos a los padres solo por cuestión económica, mientras se dota a los padres adoptivos de un dinero que habría podido simplemente ayudar a la familia original sin traficar con sus hijos, promoviendo además casos como los ocurridos en USA en que personajes abusivos adoptaban diez o doce niños para vivir de las ayudas proporcionadas mientras los maltrataban o cosas peores. Pero todo eso es algo expresamente buscado.

Se sacrifican a Baal una parte de los no natos, especialmente los primeros (¿los que habrían sido los primogénitos?) y se comercia con el resto como con el ganado. Todo ello cubierto con una pátina de derechos humanos, bondad, igualdad y demás palabras bonitas. La jugada está bien pensada.
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